lunes, 28 de enero de 2013

El primer taller. Cuando todavia no se llamaba ALMA

El Taller Para el Desarrollo de la Creatividad

El primer acuerdo que tomamos fue el de dividir cada encuentro en diferentes tiempos y cada uno de nosotros seria responsable de cada uno de estos momentos. Esta fue una buena idea porque nos permitía participar a todos de forma ordenada, o al menos esa era la intención.

También era una forma de dar unidad al taller, que por otra parte era una colección de temas aparentemente independientes, o al menos no cronológicamente dependientes. El mantener siempre la estructura de los encuentros era una herramienta que ayudaba tanto a los participantes como a los facilitadores.

Acordamos entonces seguir las tres etapas de la asimilación de un conocimiento:
reconocer la utilidad de la información, incorporarla a nuestra descripción del mundo y asimilarla a nuestro ser. En otras palabras, poner en practica lo que habíamos aprendido con S sobre atender, entender y comprender.

El hombre posee un mecanismo que le permite seleccionar de toda la información que impresiona sus sentidos, aquella a la que le va a permitir “entrar” al proceso de análisis. Este mecanismo es la atención. Nuestros sentidos están continuamente recibiendo información del entorno, incluso cuando dormimos, pero nos quedamos sólo con  aquella a la que prestamos atención, que entonces pasa a ser analizada por el consciente. La palabra clave en la primera etapa es atender.

La segunda etapa es la de incorporar la nueva información a nuestra descripción del mundo y conlleva el establecimiento de asociaciones entre la información nueva y los conocimientos que teníamos anteriormente.
Cuando decimos que no entendemos porque no tenemos la base necesaria para ello, o decimos que no entendemos porque tenemos lagunas, estamos diciendo que nos falta un conocimiento anterior que consideramos imprescindible para asociar la nueva información que se nos presenta a una estructura que ya existe dentro de nosotros. Una estructura que hemos construido a partir de un conocimiento que ya poseíamos.
Es por esto que utilizaremos la palabra entender, en-tender, interiorizar, para describir este proceso consciente.
Sin embargo, no toda la información que entendemos se traduce en una conducta acorde a ella. Todos los fumadores entienden que el humo del cigarro al pasar por los pulmones deja sedimentos que son perjudiciales para la salud, pero esto no les impide continuar fumando. La información que el fumar daña la salud ha sido entendida pero no ha sido asimilada.
Utilizaremos la palabra comprender para nombrar el proceso de asimilación de la información a nuestro ser. La comprensión  está ligada al centro emocional del cerebro. Quizá la prueba más fehaciente de esto es el sentimiento de alegría que nos invade cuando comprendemos algo y el sentimiento de frustración cuando no logramos comprender.
Para actuar a partir de una nueva información no es suficiente entenderla sino que esta información debe integrarse a nosotros, debe formar parte de un reflejo condicionado. Esta asimilación sólo tiene lugar a través de una emoción. Podemos pensar que las emociones son como el cemento que funde la información a nuestro cuerpo.

Podemos representar esquemáticamente el proceso de transformación, la unión de las tres etapas como el resultado de tres fuerzas que actúan unidas para obtener el resultado deseado.

Armados con esta comprensión dividimos cada encuentro en tres partes. En la primera parte presentábamos la información, en la segunda trabajábamos con ella y en la tercera conversábamos con los participantes sobre las implicaciones de lo que acabábamos de hacer en las dos partes anteriores para que ellos lograran la comprensión al reflexionar sobre la clase.

Además, como éramos tres, nos podíamos repartir la responsabilidad de cada una de las partes alternándonos entre la primera, la segunda y la tercera en los diferentes encuentros. Acordamos que los encuentros serian en las mañanas de nueve a doce y sólo una vez a la semana. Esta idea de encuentros semanales servia el propósito de dar tiempo a los participantes a reflexionar sobre las ideas de a clase antes de presentar la siguiente información. 

También acordamos realizar una serie de test sicológicos al inicio y al final del taller para intentar comprobar si lográbamos aumentar la creatividad de los participantes y que M incluyera estos resultados en su tesis de doctorado.

Para ayudar a todo el proceso de transformación recurrimos a Z como especialista en medicina alternativa, el cual trató a todos los participantes utilizando la técnica de las gotas florales del Dr. Bach.

Resulto que los participantes que se presentaron eran fundamentalmente alumnos de primer año de la facultad de filología y maestros del nivel secundario (7º, 8º y 9º grados).  Y también, los novios de dos de las muchachas que no eran ni estudiantes ni maestros. Pero de estos primeros participantes hablaremos más tarde.

Después del primer encuentro nos dimos cuenta que la preparación que habíamos hecho era insuficiente. Muchas veces uno de nosotros interrumpía lo que el otro estaba diciendo para añadir algo, o para refutar algo con lo que no estábamos de acuerdo y que la otra persona estaba diciendo. Eso sucedía sobretodo con A cuando M estaba hablando, porque éste tiene tendencia a dar explicaciones excesivamente teóricas y largas, según la opinión de A; pero también viceversa. Y yo también interrumpí algunas veces o tomé la palabra inmediatamente después que habían terminado para soltar yo mi parrafada.

Decidimos que eran necesario reunirnos antes de cada encuentro para ensayar todo lo que cada quien iba a decir en el próximo encuentro y que no cogiera a los demás de sorpresa delante de los participantes. No es que nos planteáramos estar los tres de acuerdo en todo, por más una meta inalcanzable, sino que no nos cogiera de sorpresa y evitar lanzarnos a defender a toda costa nuestro punto de visita.

El análisis de lo sucedido en la primera clase nos llevo a revisar los objetivos que queríamos conseguir con nuestra acción y los pasos que eran necesarios para lograrlo. Examinándonos a nosotros mismos pudimos plantearnos lo siguiente:

  • Tener en cuenta que los participantes observan nuestro comportamiento todo el tiempo. La mejor demostración de que las premisas que presentamos en el taller contribuyen a una vida con menos conflictos y estrés es ver como esto se manifiesta en la práctica. Los participantes deben ver, y sentir, que nosotros colaboramos unos con otros, que compartimos la responsabilidad de la enseñanza sin jerarquías.
  • Una forma de inducir la verdadera esencia de la colaboración es que cada uno de nosotros cambie su rol de un encuentro a otro sin afectar la profesionalidad, y lo que es más importante, el entusiasmo con que coopera con la clase. Si el alumno no asocia a una persona con una parte específica de la clase o con un tipo de actividad en específico estará más atento a observar el desempeño de la persona como conductor de la nueva actividad.
  • Otra forma de poner de manifiesto la armonía dentro del grupo es durante la discrepancia. Los momentos de discusión colectiva no deben planearse al punto que los participantes sientan que se constriñe la conversación sólo al tema de interés del orientador. Hay que dejar espacio abierto a la improvisación, a la discrepancia, incluso entre nosotros mismos. No podemos dar la impresión de que nos creemos dioses, sino personas comunes y corrientes. Se puede discrepar, interrumpir, dentro del marco asignado para ello, pero no se pueden crear tensiones. Lo único que debemos tener siempre presente es no ceder a la tentación de “luchar por el protagónico”.

Para poder cumplir con estos preceptos que nos habíamos planteados decidimos reunirnos todas las semanas antes de cada encuentro y preparar con lujo de detalles, al punto de exponer las ideas principales que cada quien pensaba expresar en cada parte. Esto servia, como expliqué antes, para conocer las discrepancias en nuestros puntos de vista.
Como comprenderán, el último punto, el de no “luchar por el protagónico”, lleva una gran dosis de conciencia, lo cual a su vez, gasta mucha energía y no siempre se tiene la suficiente, así que decidimos después de algunos encuentros añadir un punto más:
  • Por bien que se prepare o estructure la clase, siempre aparecerá una serie de imprevistos que incidirán en el buen funcionamiento del encuentro. Los participantes evaluarán la validez de lo que se está impartiendo a partir de cómo  seamos capaces de enfrentar y solucionar estas interrupciones.
Por todo esto llegamos a la conclusión de que éramos como actores, sólo que siempre estábamos en escena, los participantes nos observaban siempre, aún cuando parecía que no lo hacían. Había que estar atento a nuestra expresión corporal y a nuestras expresiones faciales durante todo el encuentro. No podíamos expresar desagrado o aburrimiento ante lo que otra persona estuviera expresando. Nuestra misión básica era lograr la armonía, la ausencia de juicios tan común en nuestra sociedad actual. Si creen que esto es fácil, inténtenlo durante cuatro horas fuera de un escenario.

Era una meta ambiciosa, pero logramos inducir un cambio en muchos de esos primeros participantes. Incluso, en algunos se despertó tal interés que se incorporaron activamente a un grupo de trabajo para la transformación personal como veremos más adelante.


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